Sendero a Tindaya

Hace poco tiempo tuvimos la ocasión de subir a la Montaña Tindaya, tras solicitar el preceptivo permiso, con el fin de comprobar la situación real de los grabados. Acompañados por la guía delegada por el Cabildo y por la arqueóloga Marián Cortés, que 25 años antes y contratada por la Dirección General de Patrimonio, llevó a cabo la delimitación y el levantamiento de planos del yacimiento arqueológico.

¨Este paso del tiempo ha servido para constatar el deterioro que ha sufrido este importantísimo yacimiento, único en el mundo por su singularidad¨ fueron sus primeras palabras al comprobar el deterioro y el abandono en el que se encuentran los grabados podomorfos y en general el conjunto del monumento.

La atracción que, al parecer, ejerce sobre los visitantes de la isla, no se ha visto correspondida con una actuación por parte de las instituciones culturales para preservar el lugar. La prohibición de acceder a la montaña mediante un rótulo al pie, no parece suficiente, de hecho no lo es y los destrozos son evidentes y en algunos casos irreversibles.

Algunos petroglifos han desaparecido, es posible que estén adornando residencias particulares. Otros están fragmentados y no precisamente por la acción del tiempo y en algún caso han sido utilizados para dejar mensajes “trascendentes” para el visitante irresponsable, mensajes que solo alcanzarían valor transcurridos unos milenios, pero que en el momento presente solo pueden ser considerados puro vandalismo.

Mientras iniciábamos el ascenso, tuvimos ocasión de ver cómo un grupo de turistas ascendía hacia la cumbre detrás de un ¨guía local¨. Al interpelarle, nos dijo que tenía permiso del ayuntamiento de la Oliva, flagrante mentira porque este organismo no es el que los concede. Ante nuestra insistencia y mostrándole el nuestro, por escrito y con los sellos preceptivos, se vio obligado a retirarse. Esto nos hace preguntarnos a cuántos más habrá llevado antes y a cuántos más llevará después.

Desde el año 1979, se ha solicitado reiteradamente, entre otras cosas, la adecuación del camino y la regulación de las visitas mediante un servicio guiado. El tiempo ha pasado y todo sigue no igual, sino peor.

Parece que este interés que demuestra el público en general por conocer el yacimiento, no ha sido atendido por las instituciones culturales que, se supone, están obligadas a protegerlo y a colaborar en su conocimiento y divulgación. Por el contrario la actitud de dejadez, durante todos estos años, ha propiciado un deterioro constante e irreversible que generaciones futuras lamentarán, cuando ya sea demasiado tarde.

Las nuevas adjudicaciones del Cabildo Insular para la habilitación del sendero, después de tantos años, no abordan lo que constituye el verdadero problema de Tindaya, la intervención agresiva e irreversible en su estructura bajo el nombre de un artista fallecido hace años. Tampoco contempla lo que sería la verdadera y definitiva solución al yacimiento, la creación de un Parque Arqueológico que incluyera los yacimientos que se encuentran en la falda que, además, deberían ser objeto de excavaciones sistemáticas. Esa medida sería la única que serviría para salvaguardar este valioso yacimiento, detener su deterioro y poder legarlo a nuestros descendientes de la mejor manera posible.

COORDINADORA MONTAÑA TINDAYA. Marzo 2018

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