Una Montaña para Chillida

CHILLIDA TUVO UN SUEÑO QUE FUE TRANSFORMADO POR OTROS EN UN MONUMENTAL FIASCO. LA HISTORIA DEL CASO TINDAYA DINAMITA LOS FUNDAMENTOS DE CUALQUIER SOCIEDAD DEMOCRÁTICA, PORQUE TRANSFORMA LOS VALORES COLECTIVOS DESCRITOS EN LA CONSTITUCIÓN EN UNA ENTELEQUIA SIN SENTIDO, PROFANA RECURSOS ÚNICOS Y NO RENOVABLES QUE OBLIGAN A LA ADMINISTRACIÓN A SU CUSTODIA Y PROTECCIÓN Y ENVILECE A LA SOCIEDAD QUE PARTICIPA EN SU DESTRUCCIÓN. EL ADMIRADO ARTISTA EDUARDO CHILLIDA HA SIDO UNA VÍCTIMA EN TODO EL ENTRAMADO QUE CONVIRTIÓ SU SUEÑO EN UN VERGONZOSO CULEBRÓN PROPIO DE SOCIEDADES SIN ESPERANZA. EL CHILLIDA QUE CONTRIBUYÓ A INCREMENTAR LA PLÁSTICA CONTEMPORÁNEA CON UNA OBRA DE CUALIDADES LÍRICAS Y DE UNA GRAN FUERZA SIMBÓLICA ¿POR QUIÉN HA SIDO Y ESTÁ SIENDO TRAICIONADO?

A Eduardo Chillida, IN MEMORIAM (María Isabel Navarro)

TINDAYA: LO POSIBLE, NO SIEMPRE ES BUENO

Estos días asistimos a un nuevo debate sobre la montaña de Tindaya, con el responsable técnico del proyecto de Chillida, Fernández Ordóñez. Quizás, la parte más destacada se centró en la posibilidad de que el techo de la escultura fuera capaz de sostenerse.

Dice el proyecto (Documento General. Fase 3. V-2, pág.11): Esta idea plantea una serie de incertidumbres técnicas de difícil solución. Es una obra que llega hasta el máximo constructivo de nuestros días, ya que supera el récord del mundo de luz en espacios subterráneos con techo plano, que por otra parte son siempre abovedados.

En el acto celebrado en Ingeniería, pregunté sobre esas incertidumbres, algunas sólo resolubles en la fase 4 (una vez iniciada la obra, con la construcción de los accesos interiores) e, incluso, una vez culminada la obra. ¿Podría ocurrir que una vez gastados los 76 millones de euros, o una parte importante de los mismos, la obra tuviera problemas de estructura y de sostenimiento?

El proyecto llega a plantear dudas como las siguientes:

Por lo tanto, se puede concluir que el diseño presentado es viable para las bases de partida, pero que sigue existiendo un riesgo con consecuencias significativas para el enfoque definitivo del proyecto. En la siguiente fase, será imprescindible realizar un levantamiento de juntas muy detallado dentro de las galerías, realizar ensayos in situ y de laboratorio y realizar un análisis detallado con la información actualizada para verificar que se mantiene el modelo geológico fundamental del “caso base” y, si es necesario, para realizar los ajustes precisos en el diseño para proporcionar un factor de seguridad a largo plazo aceptable, incluso sin descartar la necesidad de incorporar otras tipologías planteadas previamente en este proyecto. (Proyecto de Ejecución del Espacio Interior. Excavación y Sostenimiento. Memoria y Anejos. Fase 3. Pág. 4).

La respuesta del ingeniero, fue que en este tipo de megaproyectos de ingeniería era normal que existieran incertidumbres.

Lógicamente no fui yo quién destapó la polémica, pero quisiera opinar sobre la misma. Aunque llevo 30 años investigando los valores arqueológicos de Tindaya, hoy muy deteriorados, y he seguido el escándalo jurídico, económico y político administrativo en torno a ella, quisiera ahora entrar en la polémica técnica. Felicito al Colegio de Ingeniería, y al periódico La Provincia, porque, por primera vez, se han expuesto públicamente los aspectos técnicos del proyecto y la viabilidad de unos estudios que han costado una fortuna a las arcas públicas y que suponen un valioso documento científico que debería estar a disposición del público.

Se ha planteado un nuevo debate: entender la idea de Chillida no sólo como una obra artística, sino sobre todo de ingeniería. Hay voces muy cualificadas en el mundo del arte que cuestionan, bien el propio sentido artístico de la obra, en tanto ejecución material de la idea, como la viabilidad de la misma, por el emplazamiento (incompatible desde el punto de vista legal) y por el tremendo coste que supone (a añadir a lo perdido).

Aún falta encargar y ejecutar complejos estudios, con un largo proceso de aprobación, según los 25 condicionantes que establece el Gobierno al aprobar el EIA. Hay que valorar no sólo el proyecto por su dimensión científica y técnica, algo extraordinario desde el punto de vista de la originalidad y de la complejidad de cálculos, simulaciones, experimentos y teorías constructivas aplicadas al diseño y a la propia propuesta sino, y sobre todo, la dimensión, autenticidad y rentabilidad de su materialización.

En estos días, tras la catástrofe natural y el accidente nuclear en Japón, se ha retomado el debate sobre la seguridad de las centrales nucleares. Hay mucha gente que piensa que el problema no es sólo de ingeniería: si un edificio resiste o no, y si las medidas técnicas complementarias van a funcionar (algo que no ha ocurrido), sino el objeto que le da sentido al tremendo coste de su construcción: la energía nuclear. Es posible hacer centrales más seguras, pero ¿es bueno? Tenemos que partir que existe, y menos mal, una naturaleza que no siempre somos capaces de controlar. Puede haber maremotos descomunales, nubes de cenizas volcánicas que afectan a la navegación aérea. Ocurre que Tindaya no es geológicamente uniforme, que hay diaclasas, grietas y diques basálticos que atraviesan su interior, aguas que se infiltran en la montaña, la posibilidad que pequeñas piedritas caigan desde el techo de la escultura y otros aspectos ajenos a nuestra voluntad que de manera brillante recoge y reconoce el proyecto. Pero hay que saber, que para hacer frente a esas eventualidades, hay que realizar unos costosos esfuerzos que mitiguen o eviten los problemas. No podemos decidir sobre fenómenos naturales a gran escala, pero sí sobre propuestas humanas a gran escala. El problema no es que siempre hay incertidumbres en toda obra de ingeniería compleja, sino en saber dimensionar cuánta incertidumbre y que coste tendría la certeza, porque a fin de cuentas la materialización de las ideas se tiene que pagar y cuesta mucho.

Tanto si es pública la financiación de la obra como si es privada, según la última ocurrencia del gobierno. No se trata de una infraestructura que tenga un sentido directamente social (Con el dinero de la obra se harían más de 50 centros de salud como el que se inauguró en Antigua), sino de una pretendida obra de arte de importancia mundial cuyo sentido, además de su valor en sí, es que sea reclamo y atracción, que sea masivamente visitada y, por lo tanto, rentable. ¿Habría que apoyar una genialidad artística y de ingeniería, aunque no sea rentable y con unos grandes costes de mantenimiento?. Ahora, que la familia Chillida ha cerrado su museo, el Chillida Lecku, las certezas están más lejanas.

Hay otro debate, y es el de la autenticidad de la obra. Una enorme cúpula con cables de acero en el interior de la montaña que sostendría el techo con unos bulones metálicos, la inyección de hormigón y resinas, en las grietas y diaclasas hasta formar un cuerpo rígido alrededor de la escultura, ¿se identifica con la pureza de la idea? La instalación de una grúa Derrik de 80 metros de brazo, voladuras, cintas transportadoras, el trabajo de maquinaria pesada en el interior de la montaña, la extracción y vertido de millones de metros cúbicos de piedra, ¿se identifican con la idea de respeto ambiental del vaciado?.

La desaparición de los proyectos complementarios en el EIA que aprueba el Gobierno (que ya no es el de Díaz Pineda) ¿no cuestiona la idea original de Chillida? El EIA original decía que la escultura en sí misma no es ambientalmente sostenible, sin esas actuaciones. Quizás Fernández Ordóñez desconoce que lo que su cliente hace, el Gobierno de Canarias, casi nunca es lo que dice. Pero cabe otro debate, el del sentido ético de esta actuación, los límites morales de las decisiones de un gobierno que debe velar por el interés público. Debemos buscar fórmulas para que la sociedad se exprese, más allá de las cifras estadísticas o del manido argumento de que tiene el aval del arco parlamentario.

Recordemos la gran idea de Chillida, un meritorio proyecto de ingeniería, y centrémonos ya en desarrollar una alternativa respetuosa con la montaña, donde los verdaderos valores que tiene, y tiene muchos, con actuaciones muchísimo más baratas de protección, investigación y difusión, ya le estaría dando beneficios a Fuerteventura, al pueblo de Tindaya y a Canarias. Lo demás, es seguir con la materialización de una idea que aunque sea posible, en Tindaya no es buena.

José de León Hernández. Doctor en Historia y arqueólogo (2011)