LA MONTAÑA DE LAS BRUJAS. Domingo El Colorao

Domingo El Colorao.

Mis padres aprendieron de mis abuelos y bisabuelos y estos, a la vez, aprendieron de los suyos historias de brujas que, al igual que la leyenda de La Luz de Mafasca, hacían las noches majoreras más oscuras y tenebrosas a los pocos caminantes que por necesidad o por ganas de evadirse de la vida cotidiana, acercándose a algún baile de taifas en un pueblo vecino,se atrevían a adentrarse en ellas en compañía de algún farol o de la luna cuando esta ofrecía sus mágicos destellos.

Me contaron de unos agricultores de Tindaya que, una vez terminada las faenas agrícolas, metieron al camello en el corral como normalmente hacían dejándolo amarrado a la pesebrera con la puerta fechada y que, al madrugar al día siguiente para continuar con las faenas, se encontraron con la sorpresa de que el camello no se encontraba en su lugar habitual. La soga con la que lo habían amarrado estaba tal cual sin que el nudo que le hacían para que no se soltara hubiera sido tocado; la puerta seguía trancada tal como la habían dejado. Aparentemente en el corral no había entrado nadie pero, misteriosamente, el camello había desaparecido como por arte de magia. Alertados los vecinos del pueblo, comenzaron la búsqueda y vinieron a dar con él bien entrada la tarde. Lo encontraron en el filo de la Montaña las Brujas que era como llamaban a la polémica montaña de Tindaya. Es sabido que los camellos están preparados por su anatomía para llanuras con pocos accidentes geográficos, por lo que era físicamente imposible que subiera y más aun que alguien lo hubiera subido, así que, al no poderlo bajar, tuvieron que sacrificarlo en el filo de la montaña, aprovechando lo que pudieron y dejando el resto allí para alimento de guirres.
Esta es una tantas de las historias de brujas que se cuentan en Fuerteventura, muchas de ellas relacionadas con esta montaña en la que nuestros ancestros prehispánicos dejaron grabados en su codiciada piedra unos podomorfos importantísimos para la arqueología y para nuestra historia.
Tal vez, toda esa aureola de misterio y misticismo que rodea a la montaña tenga que ver con leyendas heredadas de nuestros ancestros que eligieron ese sitio como lugar de culto y de adoración al sol antes de que llegaran los normandos y los castellanos con sus hachas y espadas a imponernos sus creencias. Quizá se mantuvo en el boca a boca de forma velada dada la prohibición de hablar en nuestra lengua aborigen y de adorar a nuestros dioses para no ser castigados por el imperio y por el Dios impuesto.
El caso es que la montaña sigue dando que hablar. El admirado y polémico escultor Eduardo Chillida, que en gloria esté, se enamoró de ella (no sé si la montaña de él), y quiso eternizarse en un macro proyecto de enormes dimensiones que consiste en agujerar la montaña, extraerle las entrañas para poder contemplar los astros desde dentro… casi nada. Yo he tenido la suerte de pasar noches en la cima y estoy seguro que desde dentro no se verán las estrellas ni parecido… ¿quién le pone tabiques al firmamento?… Tal vez si hubiera pasado una noche en la cima habría cambiado de idea y su proyecto no seria tan agresivo, quizá hubiera visto en primera persona lo que nadie supo explicarle.
Lo cierto es que a este respetable sueño de artista el Gobierno de Canarias y el Cabildo de Fuerteventura dan luz verde obviando que está catalogado como monumento natural en la red de espacios protegidos de la Comunidad de Canarias (si se le ocurre hacerlo a un pobre lo acribillan) y desaparece como por arte de magia una cantidad inimaginable de dinero que nadie sabe dónde fue a parar (a lo mejor las brujas hicieron con él lo mismo que con el camello). Todo lo que predicaban al principio de que con la piedra extraída se autofinanciaba el proyecto se ha caído por su propio peso porque los estudios realizados se han encargado de eso. Pero ellos siguen empeñados en hipotecar a todos los canarios en un proyecto que seguramente sería maravilloso si el sitio hubiera sido otro… o tal vez no: hay grandes artistas y arquitectos que han recibido cantidades ingentes de dinero para realizar sus proyectos y esas obras de arte se están cayendo, y que se caiga un edificio pasa, pero que se desplome una montaña no tiene perdón de Dios, y menos si la montaña tiene una carga histórica tan importante como es el caso. Imagino que hubiera pasado si en vez de Tindaya, el artista se hubiera enamorado del Teide, o del Roque Nublo, o de cualquier sitio emblemático de nuestras islas.
Dicen que el citado ‘monumento’ atraería a un turismo de lujo y me pregunto cómo convivirán con el turismo de sol y playa que se ha potenciado desde que empezó esta locura destructiva e incontrolada de nuestro paisaje e identidad.
En este momento, más que nunca, tenemos el deber de dejar a nuestros sucesores lugares donde ahondar en sus raíces cuando toda esta locura colectiva haya pasado, por tanto, ¿por qué no invertimos en arreglar las mordidas que se le han hecho a la montaña buscando su preciada piedra?, ¿por qué no protegemos y conservamos los podomorfos y los mostramos al mundo orgullosos de ser lo que somos por nuestra historia de manera que el visitante que venga se vaya sabiendo que aquí hay algo más que lo que les venden?. Imaginen visitas de escolares guiadas y que todo niño que aquí nazca o viva conozca nuestra historia de primera mano. Sería una bonita forma de integración.
Tal vez debamos consensuar con el pueblo lo que debemos hacer en esas heridas causadas por la avaricia y curarlas tal como César Manrique hizo con la montaña de Lanzarote dañada por la necesidad y el negocio, haciendo de una piconera un jardín de cactus que es visita obligatoria del que acuda a esta isla labrada con fuego y arena. ¿Por qué no ofertamos a nuestros artistas lugares pa
ra trabajar donde se realcen los valores existentes?, no es lo mismo reparar con arte que romper en nombre de él.
Por nombrar a alguien: imagínense a Luis Morera, artista palmero y líder del grupo Taburiente que ha mostrado sobradamente su sensibilidad con el medio, curando a la montaña de las brujas con un monumento a la tolerancia, a la unidad… o con un auditorio abierto donde poder gozar de un espacio inigualable a luz de la luna., o con algo que él imagine y se apruebe de forma consensuada…
Quiero expresar mi admiración y respeto al gran escultor Eduardo Chillida, el cual estoy seguro que se enamoró de la montaña y que todo lo hizo con la mejor de las intenciones, lástima que los que están alrededor del proyecto no estuvieran en su línea y le hubieran aclarado todo desde el principio… es sencillo, aquí se puede y aquí no, tal como se lo aclaran a la gente del pueblo en los planes de ordenación. Seguro que si le hubieran explicado que la montaña es una obra de arte en sí, pincelada por nuestros aborígenes, hubiera abandonado la idea, (ningún artista falta el respeto a otro retocando su obra), probablemente hubiera abierto un lienzo nuev
o. A ver quién se atreve a retocar un cuadro de Picasso o las cuevas de Altamira.
En definitiva, todas estas palabras son para decir: ¡SÍ! al arte reparador y no al que rompe en nombre de él. ¡NO! al proyecto de Chillida en la Montaña de las Brujas. EL MONUMENTO YA EXISTE.

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